por Francisco J. Olivieri

I

La palabra griega de la cual deriva nuestro vocablo "técnica" es t¡knh (tékne). Esta última, como se sabe, no tiene un equivalente exacto en nuestras lenguas modernas. Comprendemos lo que el concepto en general designaba si unimos los significados de los términos "arte", "oficio", "habilidad" y "técnica", tal como, en forma amplia, los entendemos hoy día. Inversamente, si pensamos "técnica" como un conjunto de procedimientos o reglas que llevan a obtener ciertos resultados, y donde, al pensar, acentuamos que esos resultados o productos se vuelven el único factor importante, y donde, además, los procedimientos y los mecanismos empleados, por obra de la repetición y de la rutina, es desvinculan totalmente de los principios directrices de la teoría, entonces la palabra que tanto Platón como Aristóteles emplearían sería seguramente tribé (trib®) (que es naturalmente, en sentido estricto, algo más que simple rutina o hábito).

En Aristóteles el término tékne (t¡knh) tiene un uso más restringido y más preciso que el que le da Platón. Aunque conserva numerosos rasgos platónicos, según se verá, el término es usado en general, 1) en un sentido amplío, equivaliendo a lo que Aristóteles llama ciencia, disciplina, o saber (ver por ejemplo, Apo. 71a4, Se 170a30 y ss, EN 1094ª1, Metaph. 997a5 y 981b23-24); o 2) en un mentido más limitado y riguroso, tal como aparece claramente definido en Ética Nicomaquea 1140a 7 y ss, y 1140 a 21.

Allí se dice – y en todo Z, IV, reiteradamente – que tékne t¡knh es: hexis metá lógou alethoús poietiké §jiw metŒ lògou Žlhyoèw poihtik®, que puede traducirse como "hábito productivo acompañado de razón verdadera". Hábito, héxis ¦jiw, porque es una posesión o disposición permanente (Metaph. D, 20 y Cat. 8b27- 9 a13) de una forma inteligible – eso está indicado en metá lógou alethoús metŒ lògou Žlhyoèw, y que sirve para informar, para hacer o producir, en el momento en que se requiera y con la habilidad que sea indispensable, algo a partir de una determinada materia ( que suele ser, generalmente, de índole sensible).

De la definición se desprende en primer término que la t¡knh no consiste en la simple producción, pñihsiw (póiesis), en el hacer las cosas, sino en el saber hacer las cosas. "La t¡knh es una habilidad intelectual y no consiste en una mera habilidad técnica". De manera que la t¡knh es fundamentalmente una forma de saber, que podrá resultar más rudimentaria y elemental que otras, pero que de todos modos, constituirá un nivel dentro de una posible escala de formas de saber.

Si en cuanto a la acción de la t¡knh y la experiencia parecen no diferir (Metaph 981 a13), la t¡knh presupone a la experiencia. Es esta precisamente la que hace a la t¡knh (Metaph 981 a4) tanto en su estructura gnoseológica como cronológicamente. Por una parte, tanto la t¡knh y la ¤pist®mh (epistéme) son conocimiento de lo universal (Metaph 981 a2). Por lo mismo, ninguna tékne skoitei tó kath´ékaston t¡knh skoitei tò kay §kaston, dice Aristóteles en la Retórica (1356 b29), puesto que toda teknh tiene su inicio cuando es posible llegar a partir de una multitud de nociones, en noémata ¤n no®mata, a la formulación de un juicio, hypólepsis êpñlhciw, aplicable a todos los casos semejantes (Metaph.981 a5). Así, pues, mientras el empírico conoce el qué, tó hóti tò ÷ti, e ignora el porqué, tó dióti tò diñti, (Metaph. 981 a28 ss), el que posee la t¡knh, el technítes texnÛthw, tiene frente a este una triple superioridad: su saber es superior porque a) conoce mejor, ya que tiene en función del juicio que ha elaborado, un saber conceptual, katá tón lógon katŒ tòn lñgon (Metaph. 981 b6); b) conoce más que el empírico, porque conoce la causa (Metaph. 981 a28), cosa que ya estaba implícita en a), y, por último, c), que se desprende también de lo afirmado en a) y b), es un saber que puede ser enseñado (Metaph. 981 b9), lo que de hecho implica, entonces, tanto que pueda haber gente que posea t¡knh sin experiencia (Metaph. 981 a 14), como que la t¡knh, individual o colectivamente sea factible, en cuanto tal, de perderse (Metaph 1074 b11), por su falta de enseñanza o por obra de cataclismos cósmicos.

Las téknai t¡knai se logran gracias al estudio (Metaph 1047b33) es imposible poseerlas sin haberlas aprendido en algún momento y sin haberlas adquirido realmente (Metaph 1046 b36, Cf. En.1104 a7). Por lo demás, lo que debe enseñarse es la t¡knh misma, y de nada valdría conocer únicamente sus resultados (Se 184 a3). El camino a la trib® (tribé)quedaría así abierto al descuidarse el aspecto esencial teórico - el de su relación con los principios -, propio de todo saber ya que "habrá que convenir -dice Aristóteles en el último libro de la Ética Nicomaquea - en que todo el que quiera ser perito en algún arte o ciencia ha de remontar al principio general y conocerlo tanto como sea posible " (1180 b2O. Cf. Apr 46 a22).

Por otro lado habíamos señalado que la t¡knh presupone a la experiencia también desde el punto de vista cronológico. En efecto, la experiencia precede a la t¡knh y ésta se basa en aquélla (Protr. B48, Dür.), en el sentido de que no podría haber existido nunca sin ella. Esto, desde luego, no es contradictorio con el hecho de que es pueda poseer t¡knh sin experiencia, porque la perspectiva es aquí distinta e interviene, además el factor de estudio y transmisión.

En cuanto forma de sabor, a la t¡knh se la ubica habitualmente dentro de una escala ascendente en un nivel que supone, como ya vimos a la experiencia por debajo, como forma inferior, y a la ciencia como forma superior, por encima. Pero si Aristóteles distingue siempre con nitidez la experiencia de las formas superiores - t¡knh, ¤pist®mh o sofÛa (tékne, epistéme o sophía) -, y advierte que sólo con respecto a la acción parecen en ocasiones asemejarse, no obra de la misma manera con respecto de la t¡knh y la ¤pist®mh (epistéme). En la clásica exposición del primer capítulo del libro A de la Metafísica, t¡knh, está usada en el sentido amplío de disciplina conceptual que comprende tanto a la tekné (t¡knh) propiamente dicha como a la epistéme (¤pist®mh). Aparte de la referencia que Aristóteles hace a las texnai (t¡knai) (981 b23). El desarrollo de la triple clasificación que allí

establece es el siguiente:

  1. aß pròw tŽnagkaÝa (981 b17-18) (hai prós tavagkaía)
  2. aß pròw diagvg®n (981 b18) (hai prós diagogén), pròs ²don®n (981 b21) (prós hedonén), pròs r&sÑnhn kaÜ diagvg®n (982 b23) (prós rasonen kaí diagogén)
  3. aß m¯ pròw ²don¯n mhd¢ pròw tŽnagkaÝa (981 b21) (hai me prós hedonén prós tanagkáia).

Lo que diferencia a las segundas de las primeras es la ausencia de utilidad inmediata para la vida (981 b19); a las terceras de las segundas, en cambio el ser eminentemente un fin en sí mismas, independientes por completo de cualquier valor subsidiario (982b20-21). Suponen estas últimas que ya se ha logrado la satisfacción de las necesidades inmediatas como de los placeres propios y naturales del hombre – y en consecuencia una cierta libertad frente a las urgencias vitales ineludibles (que es lo que señala la palabra scholé sxol® 981 b 24-25) – y, reconocen por lo tanto como motor de su constitución una actitud diferente frente a la realidad: el asombro (982 b12). Las segundas son, como dice Bonitz, "quae ad liberalem vitae cultum pertinent".

El texto no dice, al respecto, nada más, salvo un sugestivo agregado, debido seguramente a una posterior revisión del mismo en Aristóteles, según advierte Jaegery que remite, para la distinción entre t¡knh y ¤pist®mh (tékne y epistéme), a lo que se dice en la Ética Nicomaquéa.

Si prescindimos por el momento de esta referencia, el texto del capítulo nos presenta: a) la noción de epistéme ¤pist®mh no diferenciada de la de t¡knh; b) un uso amplio de la noción de t¡knh, muy propio del pensamiento platónico; c) una posible justificación implícita – que aparece más manifiesta en la referencia que hace Aristóteles a los egipcios – de la legitimidad del empleo del término teknh para aludir también a las ciencias teóricas, puesto que todo saber implica una técnica de indagación y de descubrimiento; ch) una clasificación de las teknai en relación directa con la satisfacción de las urgencias vitales ineludibles; d) una ordenación jerárquica de tipo intelectual, entre t¡knai que son, unas, arquitectónicas y otras, subordinadas, en razón de su vinculación inmediata o mediata, respectivamente, a los principios teóricos directrices ( Metaph. 982 a 14, 981 a 30. Cf. E.N. 1094 a 14, Ph.194 b 1) , y, por último, e) una indicación, no desarrollada, de que la última clase de las t¡knai constituye una forma de saber superior a las otras.

Esto último queda indirectamente confirmado en la Política, donde Aristóteles clasifica – pero esta vez en dos grupos – las téknai teknai " sin las cuales la polis no puede organizarse". "De ellas – dice – unas es menester que existan necesariamente [corresponderían al primer grupo de las citadas en la Metafísica, es decir, las necesidades de la vida]; las otras contribuyen al lujo o al bienestar [ o sea, al segundo grupo de las citadas en la Metafísica] (1291 a2 y ss.)."

El tercer grupo, como se ve, no tiene cabida. Los dos primeros, en cambio, pertenecen al ámbito de las téknai t¡knai. Pero el tercer grupo no tiene cabida porque constituye más precisamente lo que Aristóteles llama "ciencia". Esta distinción, que resulta de un más ajustado uso de los términos, aparece con mayor prolijidad tanto en la Ética Nicomaquea como en los Analíticos.

En la Ética Nicomaquea los capítulos fundamentales para esta cuestión son el primero, tercero y cuarto del libro Z. Principalmente el párrafo decisivo es el siguiente:

estÛ d¢ t¡xnh tsa perÜ g¡nesin, kaÜ tò texn‹jein yexreÝn ÷pvw n g¡netai + < tÇnn

¤ndexom¡nvn kaÜ eänai kaÜ m¯ eänai, kaÜ În ² arx¯ ¤n tÒ poioum¡nÄ. (1140 a11 y ss.).

(estí dé tékne tása perí génesis, kaí tó technáxein thechreín hópos án génetai + tónn

endechoménon kaí eínai kaí hón hé arché en tó poioumeno).

Puede traducirse así: "Toda t¡knh tiene por objeto traer algo a la existencia, y lo propio de la t¡knh es arbitrar los medios para hacer llegar a ser a algunas de las cosas que admiten tanto ser como no ser, y cuyo principio reside en el producto y no en lo producido."

Tres son los caracteres de las téknai t¡knai aquí señalados: 1) el tener que ver con la g¡nhsiw; 2) el dirigirse a las cosas que admiten tanto ser como no ser, y 3) el tener su principio en el que produce, y no en lo producido. Aunque las tres son interdependientes, en el segundo resume Aristóteles la buscada diferencia entre la t¡knh y la ¤pist®mh (tékne y epistéme). Existen dos órdenes de realidades: las que no admiten ser de otra manera, que como son (m® ¤nd¡xontai llvw ¦xein) y la que pueden ser de otra me

y las que pueden ser de otra manera que las que son (t‹ ¤ndexñmenon llvw ¦xein) ( endechómenon állos échon) (E.N. 1139 a7 y Cf. G.A. 73l b24, 770 bl2, 777al9). A las primeras corresponden las verdades y las relaciones que son independientes de la voluntad y del obrar individual de los hombres. Frente a ellas, éste se encuentra en el papel de espectador; su tarea es la de adecuar las nociones que pozos a la verdad de las cosas, que se halla en ese orden de realidades, y de tener con ella, la verdad, una relación de conocimiento – contemplación: yevreÝn t‹lhyew (theoréin thálethes). Estas realidades son eternas y por ello inengendrables e incorruptibles. Constituyen el objeto de la ciencia en sentido estricto, o de la ciencia especulativa o teorética, cuya única finalidad es el conocimiento.

"Lo que puede ser de otra manera que lo que es" abarca todo el ámbito de lo mudable, donde la tarea del hombre es la de vivir, actuar, obrar o realizar ciertas cosas, y no simplemente conocer, a menos que es trate de conocimiento que se necesita para la acción o la producción. Este vasto dominio de lo contingente es tanto el de las disciplinas productivas como el de las prácticas.

Habitualmente suele indicarse, sin más comentario, que Aristóteles clasifica "las ciencias en teóricas prácticas y productivas. Pero aunque en la mayoría de los pasajes importantes donde es hace referencia a esta división se emplea la palabra ¤pist®mh (epistéme), las disciplinas prácticas y productivas no son en rigor, ciencias, en el mismo sentido estricto en que lo es la teorética. Por eso la clasificación no corresponde tanto a "ciencias" - a menos que se entienda el término en sentido amplio - cuanto a formas o tipos de pensamiento discursivo, di‹noia (diánoia). El pasaje de Metafísica, E 1025 b18-26, es en este sentido muy ilustrativo porque allí emplea indistintamente ambos términos (Cf. EN 1139 a27 y ss.). El propósito de Aristóteles es evidentemente el de separar los distintos modos que tiene el hombre de desplegar su actividad racional.

El fin de las ciencias teoréticas es el conocimiento el de las disciplinas prácticas, la acción - y no tanto la simple prjiw (práxis) cuanto la eéprajÛa (eupraxía) - el de las productivas, la realización poÛhsiw (poíesis), plena y acabada, de una cierta obra o producto, ¦xon (échon). Puesto que sólo las primeras son, pues, ciencias, ya que se refieren a lo que es necesariamente y sin cambio, tò ñn (tó ón), las dos restantes disciplinas, no obstante su carácter discursivo forman parte de un estrato inferior, que tiene que ver no con lo que se refiere a tò ñn (tó ón), sino a g¡nesiw (génesis): el de las t¡knai (téknai) (ver: Apo. 100 a9).

Ahora bien, aunque ambas disciplinas podrían en cierto sentido ser llamadas t¡knai (téknai), Aristóteles emplea habitualmente este término para referirse a aquéllas que él considera t¡knai por antonomasia: las productivas (ver, por ejemplo, Metaph. 1046 b2). Puede observarse así, por un lado, cómo el término t¡knh, que poseía tanta riqueza significativa en el vocabulario platónico tiene una marcada tendencia a restringirse específicamente en Aristóteles, a las disciplinas productivas que, como es sabe, constituían para Platón sólo una de las clases de la t¡knh (Cf. Sph 219 d 1 ).

Por otro lado, debe observarse la importancia que a la noción de adjudica Aristóteles importancia que es debe además a la nitidez con que aparecen en ella ciertos rangos propios de todo sabor. Un texto ilustrativo al respecto es el del comienzo de la Ética Nicomaquea, donde después de afirmarse que "siendo como son en gran número las acciones, las t¡knai (téknai)y las ciencias, muchos serán por lo tanto los fínes", da Aristóteles una lista de cuatro ejemplos que, en lugar de corresponder a las formas de saber nombradas -como se esperaría naturalmente - pertenecen, todos, a las disciplinas productivas (la medicina, la construcción naval, la estrategia y la economía) (1094 a7 y ss).

Por lo demás, da en cuanto a las relaciones entre la t¡knh y la ciencia, la naturaleza de aun respectivos objetivos trae aparejada otra diferencia más de orden lógico. Las conclusiones tienen, en el caso de la ciencia, el carácter de verdades universales, necesarias y lógicamente deducibles de los primeros principios, y de allí que la ciencia sea, entonces, eminentemente demostrativa; en el caso de las t¡knai, en cambio, las conclusiones no pueden ser más que reglas generales, adecuadas en la mayor parte de loa casos, pero no siempre.

De las dos diferencias que se acaban de nombrar - la que es refiere a los objetos y la que es refiere a la estructura lógica - es importante observar, por último, que si bien ambas están íntimamente vinculadas, la que Aristóteles considera como decisiva para distinguir la ciencia de la t¡knh, es siempre la primera, referida a la naturaleza de sus objetos, no sólo porque precisamente de ella se deriva la diferencia de orden lógico, sino porque Aristóteles busca, por el contrario, que esta diferencia, como veremos más adelante, incida sólo en la medida en que debe hacerlo. Propio de los individuos sensatos y cultos, dice, es "el no afanarse por alcanzar otra precisión en cada género de problemas que la que consiente la naturaleza del asunto" (E.N. 1094 b23), y en no exigir el rigor de las ciencias deductivas en aquellas disciplinas cuyos principios son de otra índole.

Hemos señalado en detalle uno de los caracteres de la t¡knh, e indicado, apenas, otros. Enumerémoslo, ahora, todos:

1. La t¡knh es un hacer, una fabricación o producción.

  1. Esta fabricación o producción supone un agente y un producto. El agente es el texnÛthw, la obra o producto, que es el resultado y fin del proceso, el ¦rgon (érgon). En toda t¡knh hay un fin, subraya constantemente Aristóteles (ver por ejemplo, Protr. B12 Y B14, Düring), y éste es la obra (Cael. 306al6).
  2. Este hacer y este producir cosas comportan un proceso de realización o "creación" que, en última instancia, opera a la manera de reproducción imitativa, mÛmesiw (mímesis) de aquel proceso que se desarrolla en el mundo físico. Aristóteles lo señala innumerables veces (ver por ejemplo, Ph 194 a21, Mete. 38l b6, Protr. B13 y B14 Düring), y su expresión es siempre la misma ± t¡knh mimeÝtai t¯n fæsin (e tékne miméitai tén physin). Las téknai t¡knai, dice, son mim®mata (mimémata) (Protr B23 Dür.). ¿En qué sentido debe entenderse esta "reproducción imitativa"? En el sentido de que t¡knai (téknai) obran, al igual que la naturaleza, como una fuerza creadora que adapta, con entendimiento y habilidad los medios al fin que se propone que es, en este caso de las t¡knai, el de erigir formas nuevas en el universo. Las t¡knai reproducen imitativamente, así a la naturaleza en su obrar - y no en su obra o producto - como potencias creadoras y renovadores.
  3. Esta forma de proceder "imitativa" pone de relieve algunos otros aspectos importantes. En primer lugar, como dice el mismo Aristóteles, "de la naturaleza han derivado las t¡knai la característica de que todos sus productos se generan en vistas a un fin" (Protr. Bl4, Dür.).
  4. En segundo lugar, toda t¡knh existe para ayudar, a la naturaleza o para acabar y perfeccionar, Žnaplhroèn (anapleroún), las deficiencias naturales o lo que la naturaleza, imposibilitada de termínar,  ± fæsiw ŽdunateÝ Žperg‹sasyai (há e physis adunateí apergásasthai), ha dejado sin hacer (Ph. 199 a16 y ss. Pol. 1337 a1 y Protr. B139 Dür.), aunque, desde luego, el fin de la naturaleza ha de ser siempre mejor y superior al de las t¡knai (PA 639 b2O, Cf. Protr. B13, Dür.)
  5. La t¡knh, a su vez, se distingue de la fæsiw (physis),a la que reproduce imitativamente, porque el principio del cambio o de los procesos en las cosas no reside en ellos mismos – lo que si ocurre en la fæsiw (physis), sino en otra cosa, es decir, en el hombre, en el agente (Metaph.l07O a6 y ss. y especialmente 1025 b22). De allí, pues, que la generación natural se produce, como dice Aristóteles: ¤j õmvnæmon (ex homonymon) ("un hombre, en efecto, engendra a un hombre") y no ¤k m¡rouw õmvnæmou (ek mérous homonymou), cosa que ocurre en las t¡knai (téknai) (la forma de la casa es causa de la casa real. En otros términos, desde el momento en que el principio del movimiento puede identificaras con el fin, lo que aquí Aristóteles está señalando es la estructura teleológica inmanente de la naturaleza, mientras que en la t¡knh el fin deriva, de la forma que el texnÛthw (technítes), tiene presente en su momento como simple ideal y que aplicará a una determinada materia.
  6. En este último sentído, pues, dice Aristóteles, "la t¡knh es la razón de la obra, razón sin materia, ² de t¡knh lñgow toè ¦pgou ô neut°w ëlhw ¦nestÛn, (hé de tékne lógos toú epgou o aneutés hyle énestin) (PA 640a3O). Lo Metafísica que ello quiere decir creo que se aclara si tenemos presente estas palabras de la ± g‹r Þatrik¯ t¡knh ô lñgow t°w êgeÛaw ¤stin, (e gár iatriké tékne o lógos tés hygeías estín) (1070 a29-30). Con ello coinciden los textos no tan fáciles de interpretar de Metaph 1032 b11 y ss. y 1034 a24, donde escuetamente se dice ² g‹r t¡knh tò eädow (e gár tékne tó eídos), a propósito de la construcción.
  7. La producción presupone, pues, la presencia de la forma del producto en el alma del agente o productor (Metaph 1032 a32) y estas formas, naturalmente, existen mientras el texn®thw (technítes) las piensa; cuando deja de pensarlas, dejan ellas de existir. Ahora bien, es importante tener en cuenta que no obstante esta dependencia inicial de los productos a las formas, los productos, una vez realizados, es vuelven, en cuanto tales, independientes de sus creadores. Tienen, en última instancia, valor en sí mismos:

    tŒ m¢n gŒr êpò tÇn texnÇn ginñmena tò eï ¦xeinen aétoÝw (tá mén gár hypo tón téchnon ginómena tó eú échein autós)(EN 1105 a27-28)

  8. Aristóteles naturalmente sostiene que no hay Ideas, en el sentido platónico, a propósito de las texnai . Se trata de "invenciones" de los hombres. El único posible "modelo", en este sentido, es la naturaleza. (ver Protr. B47 Dür,. Metaph. 990 b1O y particularmente Alex. Aphr. In Metaph., 79.3 y ss.)
  9. Por lo dicho en 7 y en 8 se ve entonces que t¡knh esté estrechamente vinculada tanto con di‹noia (diánoia) (Ph. 196 b23) como con dænamiw (dynamis), y sobre todo con esta última, porque no hay t¡knh dice Aristóteles, "de ningún acto, sino de la potencia" (E.N. 1153 a25)

 

 

II

Si la técnica consiste en la producción planeada y regulada que se asienta sobre la investigación pura, sobre los principios teóricos, entonces, como dice Schadewald, esta técnica basada en la ciencia fue pensada fundamentalmente por los griegos. Entre ellos hemos visto que, para Aristóteles, la tékne (t¡knh) es una forma o especie de saber que, si bien en cuanto a producción se dirige a lo mudable y contingente, elevada por encima de lo puramente empírico, se basa en un conocimiento de los principios. Esta consideración de la tékne como forma de saber y no como mero hacer, debe tenerse presente constantemente para no dar lugar a interpretaciones que presenten una separación tajante a veces entre la actividad manual y la actividad intelectual que no es propia de Aristóteles. Justamente por ello, y por la mayor riqueza de la palabra tékne, es que hemos mantenido el vocablo griego en la primera parte de esta exposición. Podemos ahora abandonarlo siempre que no dejemos de tener en cuenta lo que hemos dicho al respecto.

Toda téxne o técnica consiste, pues, evidentemente, por lo menos en dos momentos: uno, que yace en el hombre, en tanto sujeto pensante, y que inventan un plan, un eidos (¦idow), quien posee, en suma, un diseño mental; y otro, la ejecución de ese plan, lo que implica trascender el ámbito mental individual y encarnar esa forma en una materia. Estos dos aspectos Aristóteles no los puede concebir separadamente sin detrimento de la virtud y libertad del individuo. La práctica del segundo, sin vinculación con el primero, es indigna, bánausos (b‹nausow), y constituye una mera rutina, tribé (trib®). En esto Aristóteles coincide plenamente con Platón.

La fuerte condenación de este aspecto particular creo que ha sido confundido muchas veces con una condenación general de Aristóteles sobre todas las disciplinas productivas, manuales, por su naturaleza misma.

Es cierto que Aristóteles polemiza con Anaxágoras (PA 686 b y ss.) porque éste sostiene la superioridad intelectual del hombre frente a los demás seres exclusivamente por obra de la mano. Pero ha de verse que la polémica está centrada, para Aristóteles, en su enfrentamiento entre el hacer y el pensar y en una preeminencia y determinación del primero con respecto del segundo que para él es inconcebible, desde que necesariamente siempre el auténtico hacer, tal como él lo concibe, está supeditado al pensar. Establecer un orden inverso es para él algo insensato, por la carencia que supone, además, de un principio rector que guíe y oriente. Podría valer aquí, tal vez, la imagen que tantas veces utiliza Platón: "el barco que quedaría sin rumbo, aunque claro está, el azar podría ilusionarnos vanamente con algunos aciertos".

"Vale a dire - señala muy bien Mondolfo - che Aristotele considerache l´unitá tra l´attivitá manuale e l´attivitá intellettuale, é di tale specie che al romperla, al separare la pura manualitá della inttelletualitá che dovrebbe accompagnarla, l´uomo resta ridotto aun brutto che opera sapendo si quello che eseguisce, ma senza sapere il perché, senza conoscere il fíne di ció che fa e quindi, ridotto al puro lavoro bruto di esecuzione materiale, giá non é un uomo ma un semplice strumento. Sicché ció che Aristotele mostro di spiegare, do considerar indegno dell´ uomo, non é il lavoro manuale ma éla separazione del lavoro manuale dell´inttellettuale, il puro automatismo, la riduzione dell´uomo a strumento inconsapevole, mentre dovrebbeleesere cosciente dell' opera propia"

Con esta perspectiva, entonces, deben leerse algunos de los debatidos pasajes aristotélicos sobre estas cuestiones, como, por ejemplo, el de Pol.1253 b que se refiere a los esclavos y se los considera como una especie de instrumentos animados. Pero debe recordarse - no para justificar el planteo, ni mucho menos, sino para entenderlo en toda su extensión- que Aristóteles está haciendo jugar aquí dos cuestiones (por lo demás vinculadas): a) el intento de justificar la esclavitud como institución de la naturaleza y no de la violencia y b) la consideración del esclavo como aquel que, "siendo hombre, no pertenece por naturaleza a sí mismo sino a otro", es decir, es, como hombre, posesión de otro.

Lo mismo vale con respecto al pasaje 1337b de la Política donde aclara lo que se ha dicho antes y donde aparece el término bánausos (b‹nausow), tantas veces traído a colación. "No es dudoso -dice que deben adquirirse aquellos conocimientos útiles que son indispensables, pero no todos; establecida la distinción entre los trabajos dignos de hombres libres y los serviles, es evidente que se deberá participar de aquellos trabajos útiles que no envilecen al que se ocupa de ellos, y han de considerarse envilecedores todos los trabajos, oficios y aprendizajes que incapacitan al cuerpo, el alma o la mente de los hombres libres para la práctica y la actividad de la virtud. Por eso llamamos viles a todos los oficios que deforman el cuerpo, así como a los trabajos asalariados, porque privan de ocio a la mente y la degradan". La lectura atenta del texto me parece que hace ver que el ataque de Aristóteles está dirigido no tanto al trabajo manual por lo que éste pueda ser en sí, sino a la situación en que llega colocarse el hombre "en una situación de esclavitud, ya sea respecto de necesidades e intereses económicos, sea respecto de otras personas cuyas órdenes deban ejecutarse mecánicamente', sin ninguna intervención de la propia inteligencia y raciocinio".

Líneas más adelante Mondolfo reitera esta interpretación. "Aristóteles, dice, no considera indigno del hombre el trabajar en la creación consciente de obras materiales, sino el renunciar al uso de la inteligencia, el transformarse en instrumento mecánico ciego, que no se da cuenta de lo que se hace y de por qué se lo hace". Creo que puede compartirse lo que afirma Mondolfo, sobre todo porque las líneas generales de esta tesis concuerda con lo que creemos que surge de los textos que hemos reunido en la primera parte de este trabajo. El hombre no puede vivir sin técnica. Así como el animal es atécnico, no hay, en cambio, hombre sin técnica. La afirmación de que el hombre empieza cuando en empieza la técnica, la suscribe plenamente Arístóteles, si no en esos términos que pueden traducir, en su formulación, un cierto individualismo, por lo menos en otros que indican que no hay para él ni raza ni pueblo ni pólis (pñliw) que requiera, para existir, de la técnica. "Las técnicas sin las cuales la ciudad no puede organizarse" expresa, según ya citamos, en la Política (1291al-2). El hombre no es únicamente un animal racional, sino que es precisamente por ello un animal social, un animal que vive en ciudades, y que no pueden existir ni realmente constituídas ni gobernadas a no ser que dispongan de cierto grado de desarrollo de las técnicas. Ello está bien claro en la misma Política, cuando al hablar de la ciudad y de las condiciones que ésta debe reunir, (libro Delta o Eta), según la ordenación que se adopte, hace una digresión, en el capítulo séptimo, para referirse a la distribución que tienen las razas o pueblos en el mundo habitado. Parte del texto es el siguiente: "Los que habitan en lugares fríos, y especialmente los de Europa, están llenos de bríos, pero faltos de inteligencia y de técnicas, y por eso viven en cierta libertad, pero sin organización política, apolíteuta, e incapacitados para gobernar. Los que habitan el Asia son inteligentes y de espíritu técnico, techiká tén psychén (texnikŒ t¯n cux®n) [...]. La raza griega [...] participa de las características de ambos grupos". Creo que no son necesarios mayores comentarios para ver el papel importante que desempeña la técnica y cómo sin ella no puede concebirse pólis u organización política alguna.

Pero el hombre necesita de las técnicas no sólo para ser sino para su preservación, "tanto al nacer como en lo que se refiere su posterior alimentación" (Protrep. B13, Dür.). Tan indispensables son las técnicas para el hombre, y tal es la utilidad que para él tienen, que en la Mecánica (atribuible, a lo sumo, al círculo peripatético de la primera o segunda generación -pero para el caso poco importa - aparecen citadas unas líneas de Antifonte - no el sofista -, que se hacen propias: "Vencemos mediante la técnica en aquello que somos vencidos por la naturaleza, téxne gár kratoumen, en physei nikometha (t¡knh gŒr kratoèmen, ¦n cæxei nikñmeya) (847a 20-21).

Se ha dicho ya y repetido que la técnica no tiene sólo un valor utilitario sino cognoscitivo. Y esto vale también para el hecho de que Aristóteles acostumbra explicar, en muchos casos, los procesos naturales en términos de procesos artificiales (véase, especialmente, Meta. 381b 4 y Cf. 379b 14, 380a 16, 381a 10). De modo algo parecido queda también explicado este tipo de valor cognoscitivo de la técnica en la Política cuando indica que se distinguen las pinturas de las cosas reales porque en las primeras se da acumulada en una unidad lo que suele estar esparcido y separado (1281b 13 y ss.). Pero, además, de ese valor cognoscitivo, esas reproducciones tiene un valor estético (PA 645a 11 y ss.).

De todos modos, lo que en este aspecto cognoscitivo tiene más importante es el peso que tiene la naturaleza del conocimiento técnico en Aristóteles para evitar la unificación de todo el saber discursivo bajo un sólo método y un sólo tipo de certidumbre científica, tal como era la corriente hacia la que se orientaba el platonismo, especialmente en el papel cada vez más central que adjudicaba a la matemática.

En el capítulo III del libro A de la Ética Nicomaquea y en el capítulo II del libro B de la misma obra reiteran que "No se debe buscar la misma precisión en todos los conceptos, como no se busca tampoco en la fabricación de objetos artificiales"(1094b 12) Las conclusiones no pueden, en el orden lógico, ser más exactas que las premisas de las cuales derivan, y cuando éstas no son necesarias sino simplemente afirmaciones de lo que ocurre en la mayoría de los casos "conformémonos, dice Aristóteles, con llegar a conclusiones del mismo género" Hay, pues, un firme rechazo a lo que él entiende que es la última tendencia platónica de unificar bajo el módulo de la matemática a todo el "saber científico". Y en este sentido observa muy bien Jaeger qué papel han tenido las disciplinas técnicas, como la medicina en particular, para consolidar esa posición. Tal vez es este propósito, que bien puede estar en los orígenes de la actitud aristotélica, el que lo lleva a colocar en un plano tan importante y exclusivo, como ya indicamos, a las disciplinas productivas, porque, señala el mismo Jaeger, "what he wants to demonstrate is that, besides pure theory, there is another kind of knowledge that aims at action (or production) and that reveals what a man "knows" only by action (or production)."

Desde luego que no se puede dejar de lado en la cuestión la incidencia de las que nosotros llamamos ciencias naturales, en particular la Biología y la Zoología, sobre todo por el peso que han tenido en el aspecto metódico y en la consolidación de una perspectiva de la naturaleza del conocimiento "científico" más amplia y rica que la platónica.

Creo que no se ha insistido lo suficiente en el papel que ha desempeñado Aristóteles en esta cuestión. Cabría, desde luego, preguntarse, ¿no se está produciendo aquí una primera desvinculación de lo técnico con respecto de los principios generales que lo informan y cuya desvinculación quita a la técnica todo valor para reducirla una mera tribé (trib®), como decía Platón?

Obsérvese que si, desde el punto de vista teórico, puede responderse afirmativamente a esta pregunta, en cambio, desde el punto de vista efectivo del individuo, dentro de la concepción artesanal de la técnica en la que se mueve Aristóteles, lo que critica es precisamente la separación entre el técnico y el operario, la desvinculación en que caer este último, con respecto a los principios teóricos. Lo que subyace a todo esto es la concepción es la concepción del hombre como ser racional y el sin sentido - contrario a la naturaleza - de que éste renuncie a la razón, es decir, a su autonomía. ¿Acaso no alcanza el hombre su máxima realización, su logro esencial, en el uso más elevado de la razón? Inversamente, el abandono de ésta, o su alejamiento, importan la renuncia a la propia naturaleza esencial.

En un pasaje de los comentarios de Simplicio a la Física, utiliza éste la expresión tékne teknon, con lo que alude, allí, a la filosofía primera (47, 30-31). La misma expresión, ars artium, apareceen Santo Tomás (In Anal.post., lec.1, n.3) y con ella alude a la dialéctica aristotélica, principalmente la lógica, en cuanto es ella también una técnica, porque no solo tiene por objeto el conocimiento, sino una cierta obra, es decir, el conjunto de normas con arreglo a las cuales serán formalmente válidas o no la operaciones de la mente. En efecto, lo que Aristóteles ha buscado hacer en su lógica, ha sido dar rigor y promover, y hasta rehabilitar los procedimientos algo empíricos de los erístas y sofístas. Ha querido dar reglas precisas y eficaces a ese arte de la discusión, y lo ha querido hacer con el propósito de lograr llegar a ciertos fines (v. SE 184a 1-8 y 183b 34 y ss.)."Cet´ art formel de la discussíon, indifférent á la vérité des théses en question , il a voulu le porter á sa perfection; et c´est par lá qu'il a été conduit a faire la théorie du syllogisme, qui est aussi un raisonnement formel, dont la validité est indipéndente de la vérité des prémisses. Cet´ art formel, c´est-a-dire vide, indifférent á la valeur de son contenu, il a voulu l´élever á son formulismo religeux, en élaborant un procédé capable de conclure vi formae, et de fournir ainsi á la science, á la demostration de la vérité, un instrument adéquat". Estas líneas de Moreaux me parece que resumen con toda exactitud el valor y el alcance del mecanismo silogístico aristotélico, y lohacen de manera escueta y precisa.

El punto que ahora debe llamar la atención es el de que el sistematizador de este procedimiento es precisamente el que hace de él el uso más pobre y limitado, cuando las circunstancias así lo imponen y la naturaleza del objetivo en cuestión lo determina. ¿Qué camino más fácil que unir estas estructuras formales a los procedimientos matemáticos y elaborar una unificación metódica en el saber?. La respuesta a esta pregunta ya fue insinuada antes, cuando se señaló que Aristóteles evitó esta vía y reconoció todo el valor que tienen las disciplinas productivas, las técnicas y las prácticas. El papel de la técnica en Aristóteles. visualizada desde esta perspectiva, y como factor determinante de su articulación de la metodología del saber que tiene un papel y un alcance mucho mayor del que habitualmente se le ha asignado, cuando además se ha confundido

la actitud antihumana a la que se ha llevado el simple operario o amanuense con un supuesto defecto estructural de la técnica misma en cuanto tal.

Prof. Francisco J. Olivieri

 

Reflexiones sobre el concepto de técnica en Aristóteles